¿Conoces el síndrome del edificio enfermo?

¿Has escuchado hablar del síndrome del edificio enfermo? ¿Sabes en qué consiste? ¡Te lo explicamos!

El “síndrome del edificio enfermo” es un término que hace referencia al conjunto de síntomas entre los que destacan irritación de ojos, nariz y garganta, dolor de cabeza, erupciones cutáneas y problemas respiratorios, que padece una persona después de pasar horas en un espacio cerrado.

“Fue en los años 80 cuando las publicaciones científicas comenzaron a hablar de este término, debido a que en esta época los edificios se convirtieron en sitios más cerrados en los que no entraba una adecuada cantidad de aire fresco, algo que evidentemente perjudicó a los trabajadores que pasaban largas jornadas laborales en su interior”, comenta Félix García, especializado en este síndrome.

De hecho, lo más llamativo es que todos estos síntomas desparecían por arte de magia cuando los trabajadores abandonaban el edificio.

Por el contrario, diversos estudios posteriores han evidenciado que la gente que trabaja en edificios “verdes” o de bajo impacto ambiental, logra pensar con más claridad, se siente más satisfecha con su vida laboral y descansa mejor.

“Las personas que trabajaban en edificios verdes poseen una función cognitiva superior en comparación con la de las personas que trabajan en otros edificios que no tienen un certificado ambiental, de manera que son más productivos para las empresas al incrementarse su rendimiento de forma indirecta”, expone.

La solución a este problema pasa porque los arquitectos tengan en cuenta este tipo de consideraciones a la hora de construir un edificio.  Aspectos sencillos como mejorar la ventilación, incrementando la cantidad de aire limpio, pueden ocasionar grandes mejoras en la salud y rendimiento de los trabajadores.

“También es vital disminuir las sustancias químicas, seleccionando materiales y muebles que tengan bajo contenido de compuestos orgánicos volátiles, mantener una temperatura constante durante todo el día, limpiar regularmente para que el polvo no se acumule, posibilitar la entrada de luz natural y aislar al edificio de la contaminación acústica propia de las ciudades así como de los ruidos interiores en caso de que se trate de una fábrica o industria”, asegura.

Y es que el edificio en el que trabajemos debe estar en igual o mejores condiciones que nuestro hogar, ya que pasamos un gran número de horas al día en él.

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